Primer trío

Después de unas vacaciones inolvidables en España, donde visitamos varias playas nudistas y disfrutamos libremente de nuestra sexualidad —solos, en pareja o simplemente rodeados de cuerpos desnudos—, regresamos a casa completamente satisfechos. Pero la energía de esos días seguía vibrando dentro de nosotros.
Ya en casa, después de la primera semana de trabajo, decidimos invitar a nuestro amigo Marcos para pasar el Viernes por la noche en casa. Marcos nos dijo que vendría encantado. Sería nuestro primer trío planificado con otro hombre, y eso nos tenía tan nerviosos como excitados. Dejamos claro que sería un nuevo comienzo, sin garantía de intimidad, solo deseo compartido y respeto mutuo. Él aceptó.
El viernes, poco después de las ocho, Marcos llegó. Vestía informal, como yo. Había traído un ramo de flores para Jo, detalle que me pareció encantador. Tomamos algo, y justo cuando fui a coger la segunda cerveza, Jo bajó. Su vestido era tan transparente como provocador, dejando ver el conjunto de lencería que llevaba debajo. Marcos no pudo evitar mirarla, ni tampoco disimular la creciente excitación en sus pantalones. Tampoco yo.
Conversamos un rato sobre temas triviales hasta que surgió el recuerdo del encuentro anterior. Marcos confesó que no esperaba encontrarnos así, ni reaccionar como lo hizo. Solo pensaba alejarse y masturbarse discretamente… hasta que lo invité con una seña a acercarse.
Jo admitió que fue inesperado, pero increíblemente excitante. Marcos, ruborizado, confesó que aún lo recordaba con frecuencia.
 —¿Y qué pasa cuando lo recuerdas? —le pregunté.
 —Pues… se me pone dura —dijo, avergonzado.
 —¿Como ahora? —comentó Jo, acariciándome la entrepierna. La tensión era palpable. Nos besamos. Ella levantó una pierna al sofá, dejando al descubierto sus labios húmedos. Marcos no le quitaba los ojos de encima.
Jo lo miró con picardía:
 —Vamos, sácala. Esa tensión detrás de la cremallera no debe ser buena.
Mientras ella me abría la bragueta, Marcos bajó sus pantalones. No llevaba ropa interior y su erección se alzó orgullosa. Jo, sin perder tiempo, acarició nuestros miembros y testículos, alternando atenciones. Él se masturbaba lentamente, y yo la acariciaba por debajo del vestido. Sus gemidos suaves eran pura anticipación.Entonces se levantó y se movió sensual frente a nosotros, dejando caer los tirantes del vestido. Se agachó entre nuestras piernas, nos acarició por dentro de los muslos y nos miró, deleitada.
—Estas dos delicias… son para mí esta noche.
Jo acariciaba nuestros penes con mirada provocativa, alternando entre nosotros mientras nos excitaba con sus manos y boca. Sus gemidos y susurros llenaban la habitación; su placer era palpable y nos contagiaba. Marcos  y yo nos turnábamos para besar sus pechos y explorar su cuerpo con las manos y la lengua. La tensión crecía hasta que, sin demora, nos desnudamos por completo para seguir disfrutando de su vestido que caía lentamente, revelando su piel desnuda.
Ella se acercó a Marcos, sus dedos y labios recorriendo su cuerpo con pasión, mientras yo la observaba, ansioso y excitado. No tardó en besarme y atenderme de la misma forma, elevando el deseo y la conexión entre los tres. Pronto, las prendas restantes cayeron al suelo y nos quedamos completamente expuestos, entregados al juego y al placer compartido.
Jo nos invitó a explorarla sin límites. Se posicionó para que pudiéramos alternar entre sus labios y su piel, su cuerpo ofreciéndose con entrega absoluta. La mezcla de caricias orales y manuales nos llevó a un éxtasis colectivo, mientras sus gemidos y movimientos marcaban el ritmo de nuestra unión. La excitación se intensificaba, y Jo nos instaba a continuar, disfrutando de cada instante con una sensualidad arrolladora.
Cuando la pasión alcanzó su punto álgido, nos reorganizamos para una experiencia aún más íntima: el “sandwich”. Con cuidado y lubricante, nos unimos a ella simultáneamente, sintiendo cómo nuestros cuerpos se entrelazaban en perfecta sincronía. Jo vibraba con placer, animándonos con sus jadeos a seguir más fuerte y rápido, hasta que la ola de placer nos alcanzó a los tres, liberándonos en un clímax intenso y prolongado.
Tras el agotamiento placentero, compartimos risas, miradas cómplices y caricias suaves, disfrutando del momento y planificando nuevas aventuras juntos. El ambiente se llenó de ternura y deseo, marcando el inicio de una relación que prometía mucho más.


139 veces leído

Puntuación: 1
(de número de votos: 1)

Primero debes iniciar sesión para poder votar.

Usamos cookies

Este sitio web utiliza cookies para garantizar la funcionalidad básica, analizar el uso y personalizar el marketing y la publicidad para que se adapten mejor a tus intereses.